Diez Buenas Prácticas de Incubación Empresarial
Ayer presente los tres principios centrales que deben guiar el diseño y operación de un programa de incubación empresarial. El primer y segundo principio especifican cual debe ser la misión de la incubadora y como debe ser operada, el tercero resume lo que hace la incubadora y como apoyara a las empresas incubadas para alcanzar el éxito.
A continuación quiero presentar diez “buenas prácticas” que proveen sugerencias específicas e identifican prácticas exitosas de interés para el gerente o la mesa directiva de la incubadora. La primera práctica fluye naturalmente de la discusión de los tres principios básicos que soportan un proceso de incubación exitoso, las otras nueve también son extensiones de los principios básicos.
Algunas se enfocan en las mejores alternativas para operar una incubadora y en la maximización de los recursos asignados al trabajo con las empresas. Otras describen como determinar que tipo de asistencia es adecuada para promover el desarrollo de cada tipo de emprendedor y proyecto.
Sin embargo, el primer paso será decidir si la incubadora seguirá los tres principios básicos descritos anteriormente, ya que si bien estos no garantizan el éxito, ciertamente aumentan las probabilidades de generar un programa que sea capaz de ayudar efectivamente a las empresas en formación.
- Primera Práctica
Comprometerse con los tres principios básicos de la incubación de empresas. Este es el primer paso debido a que define la orientación y foco de las actividades del programa.
- Segunda Práctica
Recolectar y analizar información relevante para determinar si el proyecto incubadora es factible de ejecutar.
- Tercera Práctica
Generar una estructura operaciones que le permita a la incubadora ser auto-sustentable financieramente.
- Cuarta Práctica
Estructurar la organización de la incubadora para minimizar las funciones de administración y maximizar la asistencia a las empresas incubadas.
- Quinta Práctica
Comprometer el soporte de los patrocinadores y redes de apoyo para ayudar tanto a las empresas incubadas como a las operaciones de la incubadora.
- Sexta Práctica
Reclutar personal que gestione las operaciones de la incubadora de manera similar a una empresa, en especial se debe buscar un gerente que tenga la capacidad de ayuda de manera efectiva a las empresas incubadas.
- Séptima Práctica
Elegir un edificio que permita a la incubadora generar suficientes ingresos y desarrollar un proceso de incubación adecuado.
- Octava Práctica
Prospectar y seleccionar empresas que sean capaces de generar un ingreso que le permita a la incubadora cumplir con su modelo financiero y tengan el potencial de crecer y generar trabajos.
- Novena Práctica
Adaptar la asistencia entregada a las empresas incubadas según sus reales necesidades, tanto desde el punto de vista del emprendedor como del diseño y aplicación del plan de negocios.
- Décima Práctica
Realizar continuas evaluaciones y mejoras al programa, de manera que la incubadora evolucione a medida que va superando diferentes etapas de desarrollo y los clientes van requiriendo nuevos servicios.
¿cuanto cuesta?
Buenos Aires Me Duele
Octubre 5, 2007 a 2:28 pm
Ok. Comprendo muy bien la idea de las incubadoras. Ese es el modelo que el gobierno está aplicando aquí en México. Sin embargo, y como sugieres en uno de tus posts, creo se está convirtiendo (o se ha convertido) en una moda (ojalá me encuentre en un rotundo error). Por otro lado, observo un problema de fondo.
Para comenzar, considero que hacer empresa es, sobre todo, un proceso creativo. Más aún cuando queremos entrar en el terreno de proyectos verdaderamente innovadores y, por lo mismo, que puedan detonar un auténtico crecimiento en la actividad económica de una localidad en particular.
Si hablamos de procesos creativos, entonces podríamos estar hablando de rompimiento de paradigmas. Es decir: quien hace empresa de una manera innovadora debe ser capaz de mirar más allá de los modelos preestablecidos. Debe ser capaz de enfrentarse y cuestionar la ortodoxia. Debe ser capaz de transgredir un sistema (¿agotado?) que sólo produce marginalidad.
El problema, entonces, es que podemos tomar el modelo que sea, pero si lo constreñimos a una serie de formalismos, pasos a seguir y procedimientos; éste se volverá rígido y no promoverá cambio alguno. Seguirá reproduciendo el actual estado de las cosas: el sistema actual de producción de marginalidad.
Es necesario -fundamental- tomar riesgos, no tenerle miedo al fracaso y, sobre todo, ver lo que nadie está pudiendo ver. Esto último hasta el nivel de que te digan: “estás loco”. Este comentario se lo dijeron a un muy buen amigo, también empresario, cuando salió de Brasil y se aventuró a tomar un segmento del mercado mexicano de IT. Cuando le pregunté si en ese momento sabía lo que estaba haciendo, me miró a los ojos y me dijo: “la verdad, no tenía ni idea de lo que iba a suceder”. La empresa de mi amigo ahora posee el 20% de este sector en México y ya está buscando qué más hacer. Y aquí viene el otro punto: es -también fundamental- tener los ojos bien abiertos.
Ahora me pregunto: ¿qué pasa cuando un modelo de incubadoras está en manos de personas que no saben qué es hacer empresa?, ¿qué pasa cuando las reglas de juego no permiten actos en apariencia descabellados?, ¿qué pasa cuando los encargados de fomentar la promoción del “espíritu emprendedor” lo inhiben?
Hacer empresa -sobre todo en el terreno de la innovación- es un juego de prueba y error. Hay que saber jugar. Y así como es importantísimo tener sueños, sueños grandes, muy grandes, como decía William Faulkner: “para no perderlos de vista”; es necesario saber tomar decisiones en el corto plazo, decisiones que no respondan a un plan específico (y rígido), sino a una determinada manera de ver la realidad, una que nadie haya podido ver antes, porque sino no estaríamos hablando de innovación, de incursionar en algo absolutamente nuevo.
maistro
Octubre 5, 2007 a 4:46 pm